Vuelve boo.com

Hace muchos años en pleno furor de las punto com (hablamos de finales de los 90’s), nació una empresa inglesa con la idea de vender en línea ropa deportiva y artículos de moda.

Boo.com era su nombre y se hizo famoso no sólo por su sitio web vanguardista sino también porque logró reunir la nada despreciable suma de $120 millones de dólares de manos de inversionistas como Goldman Sachs, JP Morgan y representantes del grupo Benetton.

Boo buscaba convertirse en el mayor minorista de ropa deportiva en la Internet.

Desde el momento de su lanzamiento ganó amplia difusión y reconocimiento gracias a sus fastuosas fiestas y desproporcionados regalos que ofrecía a sus posibles clientes.

Su sitio web se convirtió en el referente sobre lo que se podía hacer con la tecnología disponible. Es decir, se volvió para todos nosotros que nos iniciábamos en este cuento, en nuestro punto de referencia y en el portal que mostrábamos para “descrestar” a los neófitos de la Internet.

Pero bueno, ¿Qué pasó entonces con semejante idea?

A los 6 meses de su impresionante lanzamiento tuvo que ser cerrada. Así de sencillo. Luego de disponer de mas de cien millones de dólares, de estar rodeada y constituida por grandes empresarios y “conocedores del medio” no pudo sobrevivir a los gastos desproporcionados y los lujos sin sentido.

Sus oficinas en Londres, Estocolmo, Paris, Nueva York y Munich tuvieron que ser cerradas, el personal contratado fue despedido y muchos de sus bienes fueron subastados.

¿La razón? Muy sencilla. Los fundadores de Boo.com (así como los de muchas punto com de su época y lamentablemente de algunas de nuestros días también) se olvidaron que por muy tecnológico que sea, un negocio en línea se mantiene y vive de la misma forma que lo hace uno del mundo real.

Boo.com no logró atraer una base de clientes que permitiera sostener sus gastos. Las razones fueron muchas: Entre ellas podemos mencionar la falta de “costumbre-e” de sus posibles clientes para hacer compras en línea, el no ofrecer claramente un valor diferenciador (premium price lo llaman aquellos que saben de este cuento) y también el hecho de tener un portal web con unas aplicaciones descrestantes: Era posible “ver” la ropa gracias a una serie de animaciones 3D, contaba con un personaje animado (Miss Boo) quien hacía las veces de asistente personal, entre muchos otros “gallos“.

Es posible que estos servicios funcionarían muy bien el día de hoy, pero a principios del año 2000 se constituían en un verdadero suplicio dadas las condiciones tecnológicas de ese entonces.

El sitio fracasó y se convirtió en caso de estudio dentro de las aulas de clase como ejemplo de lo que no se debe hacer, así también fué reseñado como uno de los grandes descalabros del mundo de la Internet.

…Y ahora vuelve

Hoy me entero que Boo.com ha vuelto. Hace un año entré por pura curiosidad al sitio y me encontré un aviso donde me informaban que “pronto” sería su relanzamiento.

Recibí un correo esta mañana donde me invitaban a conocer el nuevo Boo. Hice clic con la curiosidad de comprobar si la señorita Boo estaba de vuelta, pero no, esta vez era un “poco” diferente, pues Boo se convirtió en una comunidad que invita a sus usuarios a escribir sus opiniones sobre los lugares que han visitado.

Boo.com se vende ahora como una “nueva clase de sitio para viajes”, muy a la onda 2.0.

No me atrevo a vaticinar su éxito o su fracaso, el caso es que ya tengo una cuenta ahi🙂.

Me parece muy interesante analizar la capacidad de elongación de un nombre, en este caso Boo.com.

Hasta hace muy poco estaba asociado con una tienda de ropa y para algunos como yo, era también un ejemplo del rotundo fracaso de las punto com (ojalá muchas de las nuevas 2.0 recordaran esos días). Ahora es una comunidad de viajeros.

¿No creen que es curioso que dos servicios tan diferentes se vendan con el mismo nombre?

Investigando un poco, encontré que el nombre Boo.com fué comprado por Web Reservation International, una empresa que ofrece reservas en línea para hoteles en todo el mundo. Me imagino que quieren valerse de la fama y el reconocimiento del nombre para promover un servicio totalmente distinto al de la moda.

Creo que compraron un recuerdo (o añoranza) y que éste puede darles resultados a corto plazo. Lo lograron conmigo, pues mi curiosidad me hizo hacer clic en el vinculo que tenía el correo que me enviaron.

Ahora bien, ¿es suficiente esto para darle alas a una comunidad en línea?

Creo que la respuesta la encontramos en la misma razón del fracaso del primer Boo: Si no logran constituir una base sólida de clientes/usuarios/miembros activos en la comunidad que adquieran los servicios ofrecidos harán que boo.com se convierta en una “marca maldita”, en un mal ejemplo de lo que no se debe hacer en Internet, ya sea en la primera burbuja de las punto com (web 1.0) o en la segunda burbuja de las comunidades en línea (web 2.0).

Si quieren recordar viejas épocas, en el Internet Archive encontré algunas versiones del “viejo” boo: Cómo arrancó (Notese la advertencia para los usuarios con modems inferiores a 56k), una modificación y cuando fue comprada.

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