Archive for the ‘Emprendimiento’ category

No vendo mi idea, la subasto

junio 22, 2007

Todos hemos sido testigos de las grandes y casi escandalosas compras de un sinnúmero de empresas de Internet: ¿Recuerdan cuando Google pagó 165 millones de dolares por YouTube?

Bueno, el caso es que el procedimiento en muchos casos es así:

  1. Un grupo de emprendedores desarrolla una idea de negocio.
  2. Lanza a Internet su producto o servicio. En estos días lo hacen sin terminar y por tal razón le colocan el sufijo “beta“.
  3. Hacen todo el esfuerzo para que su sitio sea atractivo: En tiempos 1.0, buscaban visitas (hits), en nuestros días 2.0 buscan crear una comunidad participativa alrededor de su producto.
  4. ¡A cazar inversionistas! Con la idea andando, buscan quien pueda invertir un dinerillo para alcanzar sus metas (o en el peor de los casos para comprar sillas como estas y carros como este). Es ahí el momento donde un plan de negocios, un buen cuadro de Excel o en el peor de los casos unas diapositivas bien tramadoras le dan el empujón final.
  5. Claro, hay suertudos con una gran idea que les permite esperar a que ávidos compradores como Google, Yahoo o Microsft toquen a su puerta para preguntales: “¿Cuánto y porqué tan caro?
  6. ¡Coronamos papá! Con las cuentas bancarias llenas, el servicio debería andar como lo prometieron en las diapositivas o como ha sucedido en algunos casos, es absorbido por el comprador final (Caso Writely y Google Docs).
  7. Después de reunir el dinero muchos se retiraran mientras otros deciden ir al mercado cambiario, donde esperan que a través de una oferta pública de acciones puedan obtener unos cuantos doblones mas.

Ahora bien, al leer el blog de Loic Le Meur encuentro una entrada donde reseña que en eBay se está ofreciendo un clon de Twitter, el famoso y a ratos inexplicable fenómeno (social) de nuestros días.

El sitio en cuestión se llama Dukudu y además de prestar el servicio de micro-blogging de Twitter, tiene otras herramientas para crear una comunidad.

¿Podríamos ver en esta iniciativa un simple deseo de buscar popularidad o una innovadora iniciativa para buscar financiación de emprendimientos?

De mis clases de economía recuerdo que una de las características que se le daba al mercado cambiario era la de “una de las mejores expresiones del capitalismo… …pues todos los posibles compradores acudían a él en igualdad de oportunidades“, por lo tanto, se convertía en una garantía para los vendedores pues encontrarían la mejor oferta.

¿Será que un servicio de subastas en línea también brinda una serie de garantías suficientes para ofrecer una idea de negocio a través de ellos? 

Dejando a un lado los engaños y fraudes que muchos hemos sufrido y conocido, creo que podría funcionar.

Debo ser franco: Vivo en un país donde la inversión en tecnología es mas bien escasa y mucho mas, para proyectos de emprendimientos.
Lastimosamente en Colombia son pocas las fuentes de financiamiento para desarrollar una idea de negocio, por lo que si un emprendedor decide emplear un sitio de subastas (que necesariamente no tiene porqué estar ubicado en el país) podría encontrar una puerta de acceso a unos posibles compradores que al encontrar su proyecto atractivo hasta podrían participar de la puja.

No sé si veamos algún día un portal web subastado en Mercado Libre, pero me gustaría creer en ello.

Vuelve boo.com

junio 1, 2007

Hace muchos años en pleno furor de las punto com (hablamos de finales de los 90’s), nació una empresa inglesa con la idea de vender en línea ropa deportiva y artículos de moda.

Boo.com era su nombre y se hizo famoso no sólo por su sitio web vanguardista sino también porque logró reunir la nada despreciable suma de $120 millones de dólares de manos de inversionistas como Goldman Sachs, JP Morgan y representantes del grupo Benetton.

Boo buscaba convertirse en el mayor minorista de ropa deportiva en la Internet.

Desde el momento de su lanzamiento ganó amplia difusión y reconocimiento gracias a sus fastuosas fiestas y desproporcionados regalos que ofrecía a sus posibles clientes.

Su sitio web se convirtió en el referente sobre lo que se podía hacer con la tecnología disponible. Es decir, se volvió para todos nosotros que nos iniciábamos en este cuento, en nuestro punto de referencia y en el portal que mostrábamos para “descrestar” a los neófitos de la Internet.

Pero bueno, ¿Qué pasó entonces con semejante idea?

A los 6 meses de su impresionante lanzamiento tuvo que ser cerrada. Así de sencillo. Luego de disponer de mas de cien millones de dólares, de estar rodeada y constituida por grandes empresarios y “conocedores del medio” no pudo sobrevivir a los gastos desproporcionados y los lujos sin sentido.

Sus oficinas en Londres, Estocolmo, Paris, Nueva York y Munich tuvieron que ser cerradas, el personal contratado fue despedido y muchos de sus bienes fueron subastados.

¿La razón? Muy sencilla. Los fundadores de Boo.com (así como los de muchas punto com de su época y lamentablemente de algunas de nuestros días también) se olvidaron que por muy tecnológico que sea, un negocio en línea se mantiene y vive de la misma forma que lo hace uno del mundo real.

Boo.com no logró atraer una base de clientes que permitiera sostener sus gastos. Las razones fueron muchas: Entre ellas podemos mencionar la falta de “costumbre-e” de sus posibles clientes para hacer compras en línea, el no ofrecer claramente un valor diferenciador (premium price lo llaman aquellos que saben de este cuento) y también el hecho de tener un portal web con unas aplicaciones descrestantes: Era posible “ver” la ropa gracias a una serie de animaciones 3D, contaba con un personaje animado (Miss Boo) quien hacía las veces de asistente personal, entre muchos otros “gallos“.

Es posible que estos servicios funcionarían muy bien el día de hoy, pero a principios del año 2000 se constituían en un verdadero suplicio dadas las condiciones tecnológicas de ese entonces.

El sitio fracasó y se convirtió en caso de estudio dentro de las aulas de clase como ejemplo de lo que no se debe hacer, así también fué reseñado como uno de los grandes descalabros del mundo de la Internet.

…Y ahora vuelve

Hoy me entero que Boo.com ha vuelto. Hace un año entré por pura curiosidad al sitio y me encontré un aviso donde me informaban que “pronto” sería su relanzamiento.

Recibí un correo esta mañana donde me invitaban a conocer el nuevo Boo. Hice clic con la curiosidad de comprobar si la señorita Boo estaba de vuelta, pero no, esta vez era un “poco” diferente, pues Boo se convirtió en una comunidad que invita a sus usuarios a escribir sus opiniones sobre los lugares que han visitado.

Boo.com se vende ahora como una “nueva clase de sitio para viajes”, muy a la onda 2.0.

No me atrevo a vaticinar su éxito o su fracaso, el caso es que ya tengo una cuenta ahi :-).

Me parece muy interesante analizar la capacidad de elongación de un nombre, en este caso Boo.com.

Hasta hace muy poco estaba asociado con una tienda de ropa y para algunos como yo, era también un ejemplo del rotundo fracaso de las punto com (ojalá muchas de las nuevas 2.0 recordaran esos días). Ahora es una comunidad de viajeros.

¿No creen que es curioso que dos servicios tan diferentes se vendan con el mismo nombre?

Investigando un poco, encontré que el nombre Boo.com fué comprado por Web Reservation International, una empresa que ofrece reservas en línea para hoteles en todo el mundo. Me imagino que quieren valerse de la fama y el reconocimiento del nombre para promover un servicio totalmente distinto al de la moda.

Creo que compraron un recuerdo (o añoranza) y que éste puede darles resultados a corto plazo. Lo lograron conmigo, pues mi curiosidad me hizo hacer clic en el vinculo que tenía el correo que me enviaron.

Ahora bien, ¿es suficiente esto para darle alas a una comunidad en línea?

Creo que la respuesta la encontramos en la misma razón del fracaso del primer Boo: Si no logran constituir una base sólida de clientes/usuarios/miembros activos en la comunidad que adquieran los servicios ofrecidos harán que boo.com se convierta en una “marca maldita”, en un mal ejemplo de lo que no se debe hacer en Internet, ya sea en la primera burbuja de las punto com (web 1.0) o en la segunda burbuja de las comunidades en línea (web 2.0).

Si quieren recordar viejas épocas, en el Internet Archive encontré algunas versiones del “viejo” boo: Cómo arrancó (Notese la advertencia para los usuarios con modems inferiores a 56k), una modificación y cuando fue comprada.

La frase del dia

febrero 5, 2007

En medio de la fritada de chicharrones que ultimamente acompaña nuestro diario vivir, el señor Dux sale con esta frase:

“Casi me atranco con un plagio que no alcanzó a salir”

Cambiar

diciembre 25, 2006

La semana anterior trabajamos dejando todo al pelo para la salida en producción de una herramienta de software que instalamos en una de las empresas prestadoras de servicios públicos mas grandes del país (el nombre no importa porque tal vez algunos de mis lectores ya saben de qué hablo).

En este artículo no voy a hablar sobre las tecnologías empleadas o el diseño del producto. Quiero hablar sobre un factor que en muchas ocasiones, aquellos que nos aventuramos en el negocio del desarrollo de software olvidamos: El miedo al cambio.

Independientemente de la herramienta que vas a instalar, de las capacidades de los futuros usuarios, incluso, de la necesidad misma que se busca cubrir, siempre, siempre en gran o en menor medida encontraremos una resistencia al cambio.

Pensándolo bien, esta resistencia no sólo la encontramos en nuestros usuarios: En muchísimas ocasiones somos nosotros mismos quienes buscamos todos los peros posibles para seguir usando o trabajando sobre lo viejo y conocido en vez de tomar lo nuevo e incierto.

La verdad, no creo en eso de “mas vale viejo conocido que bueno por conocer”. Ejemplos sobran y creo que todos los tenemos. ¿Porqué entonoces, siempre encontramos peros y razones para no hacer la transición a lo nuevo?.

Creo que el miedo al cambio es un estado natural del hombre. Nos gusta repetir lo que ya aprendimos, nos gusta hacer lo que siempre hacemos. ¿Porqué? Creo que la respuesta está en la comodidad. Si ya sabemos hacer algo, ¿Para qué cambiar? ¿Aprender de nuevo? ¿Arrancar desde cero? Noooo que jartera.

Si no me creen, recuerden sus días de estudiante y díganme si es mentira que todos “escrituramos” un puesto que defendimos durante todo el semestre. A mi me gustaba la esquina izquierda, al frente del pupitre del profesor. No sólo porque podía ver todo mas claro, sino también porque en muchas ocasiones ese era el mejor punto para recibir una buena señal de la wlan instalada en la universidad.

Amamos las rutinas, odiamos los cambios intempestivos. ¿Quién no se molesta que por alguna razón la ruta a nuestro trabajo sea otra? ¿Quién no ha sentido extraño durmiendo en un lugar diferente? Intenten cambiar la rutina que siguen todas las mañanas… nos sentiremos completamente inseguros. Parece que tenemos un checklist en el cerebro que nos brinda la seguridad necesaria para hacer todo:

  1. Tomar los periódicos del dia: Listo.
  2. Ir a la cocina: Listo.
  3. Abrir la nevera: Listo.
  4. Tomar el yogourt: Listo.
  5. Tomar el cereal: Listo.
  6. Calentar el pan: Listo.
  7. Sentarse a leer: Listo.
  8. Desayunar: En progreso.

Y si por alguna razón nos toca llevar un orden distinto todo se despelota… ¡Listo! a algunos nos va a pegar mas duro que a otros, pero todos vamos a sentir en gran o menor medida el cambio en nuestras amadas rutinas.

Volviendo al cuento del software, creo que esta condicion sicológica se convierte entonces en un factor determinante en el éxito de una implantación. El planteamiento es muy sencillo, si el software no se usa no sirve. Así tenga el mejor código en sus entrañas, la mejor GUI con las mejores prácticas de accesibilidad, si no se usa, es como si no se hubiera hecho nada.
De nada sirve que le digamos al gerente que tiene “el estado del arte” en sus manos, si los usuarios del sistema no emplean una herramienta como debería hacerse, creo que nuestro trabajo estará destinado al fracaso.

Pero bueno… ¿Qué se puede hacer? Me atrevo entonces, a presentar una serie de claves para que el proceso de resistencia natural al cambio sea mas llevadero.

  1. Identifica y trabaja con los lideres. Las labores de presentación, validación y capacitación no deben estar concentradas exclusivamente en los que dentro de la estructura del proyecto llevan el título de “lideres funcionales”. Busca identificar entre los usuarios de un sistema a las personas que sobresalen entre los demás. No solo es posible que tengan una gran experiencia acumulada, sino también que, si cuentas con el apoyo de ellos en la implatanción del software, será mas fácil que los demás usuarios también te apoyen, pues seguirán el ejemplo de sus líderes naturales.
  2. Nunca menosprecies la experiencia. Por encima de todo, las personas saben de procedimientos no de herramientas. Es muy probable que el operario experto en el software que será cambiado pueda convertirse en el mejor usuario de las nuevas herramientas. Busca su opinión. Ellos viven día a día los procedimientos y de seguro podrán hacerte valiosas sugerencias para lograr un mejor ajuste de tu herramienta. Te darás cuenta que los lideres funcionales en muchas ocasiones ignoran algunos puntos simplemente porque no usan diariamente las herramientas.
  3. Vende los beneficios. A casi todos los usuarios no les interesa el motor de tu base de datos, el lenguaje de programación o el doctype que empleaste. Si tu herramienta mejora tangiblemente los procesos, reduce los tiempos que toma una transaccion o permite realizar mejor una acción, has logrado darle peso al mejor argumento de ventas: Ahorro de tiempo. Tiempo que los usuarios no van a desperdiciar, tiempo que se traduce en beneficios y en tiempo libre. Ese es el mejor argumento. Si tu producto permite realizar una acción de una forma eficiente y mas rápido, lo lograste. Ahora sólo es vender la idea.
  4. ¡Prueba y prueba! Un error en una presentación o en la semana de salida en producción puede destruir semanas de trabajo buscando la aceptación de tu herramienta.
  5. Paciencia. Por ser el último de mis consejos no es el menos importante. Siempre nos encontraremos con un usuario inconforme, molesto y en muchas ocasiones un poco agrio. No lo anules ni lo menosprecies. Es muy probable que en medio de tanta corrosión encuentres la razón de su comportamiento: Tal vez es la persona mas insegura para cambiar. Escucha sus razones, sus temores y sus deseos. Estoy seguro que encontrarás las claves para que tu software sea mejor.